ARGENTINA – SIN OFENDER A NADIE, CON MUCHO DOLOR DIGO:

Procedente de Argentina. Lo publica Gaston Saint Martín desde Chicago

Recibí un mail de esos que habitualmente no abro porque les temo a los virus o porque no tengo tiempo de leer cadenas.
Pero lo abrí porque me lo enviaba alguien al que yo respeto profundamente por su talento y la ética que expresa en todas sus acciones. Hablo de Juan José Campanella, que en el asunto decía: “Sin ofender a nadie”. Y después aparecía un escrito sensible bajo el título “Con mucho dolor, digo”. Quise reproducir ese texto anónimo y le pregunté a Juan si le molestaba que lo leyera en la radio y que lo identificara como la persona que me mandó el mail. Me contestó de inmediato:
“Querido Alfredo,
No me molesta ninguna de las dos cosas, pero ojo que no lo escribí yo. Sólo lo ‘forwardeé’ borrando a todos los anteriores. Parece mentira que hoy haya que tomar esas precauciones.
”Me pareció un texto excelente que me representa totalmente”.
Las palabras se preguntan qué nos pasa a los argentinos. Se refiere a “una sensación de impotencia, frustración y abatimiento que nos noqueó”. Dice más adelante: “Estamos perdiendo en silencio a nuestra Argentina. La metamorfosis es brutal. El país que tenemos hoy no es el que imaginamos, y el país de mañana será mucho peor de lo que imaginamos. No hay respeto. No hay educación.No hay diálogo. La búsqueda de la excelencia se abandonó por completo. Nos acostumbramos al atropello del poder político, al patoterismo. Al corto plazo sin una visión de país que nos ilusione. Que nos enamore. ¿Qué queremos? Volver a sentir orgullo de ser argentinos. Viajar seguros. Ver un desarrollo cultural sostenido. Transitar por las calles sin piquetes.
”Escuchar a un presidente conectado con el mundo.
”Decidir qué comprar. Qué libros leer. Respetar al maestro.
”Los delincuentes presos. Estadistas conduciendo al país.
”Economistas manejando la economía. Calma y paz.
”No al odio y la crispación.
“Los tres poderes funcionando.
”Comprar dólares. O no. Recibir cosas del mundo y poder enviar cosas al mundo. Si querés lo mismo, circulá este mail.
”En paz… Argentina… te quiero!!! Y no quiero perderte.”
El trazo grueso de lo ocurrido con otro gran hombre del cine como Eliseo Subiela es más conocido. En dos palabras: se quejó por Facebook porque tuvo que ir a Perú para presentar su película, auspiciado por la Cancillería, y no le quisieron vender unos miserables dólares o soles. A partir de ese momento se descerrajó sobre él un operativo punitivo absolutamente desproporcionado que empezó con el titular de la AFIP hablando de su situación fiscal y terminó con un procedimiento en la escuela de cine donde le dejaron pegada una carta en la puerta. Subiela dijo que lo trataron como a un delincuente y que se sintió en un Estado policial. Y que tenía miedo, como nunca desde el gobierno de Isabel Perón.
Como estuvo en el exilio durante la dictadura, se supone que se refirió a la actuación de la tenebrosa Triple A. Porque confesó que había sido montonero. Lo dijo dos veces, casi como un pedido de clemencia por parte de la AFIP: “No soy el enemigo, no soy la oligarquía”, como si ser radical o demócrata progresista o independiente habilitara a utilizar la prepotencia de Estado. Pero ése es otro tema. Lo más grave fue que su familia ahora se quiere mudar a Uruguay y que mencionó a El huevo de la serpiente. La película de Ingmar Bergman describe la decadencia del Berlín que permite el surgimiento de Hitler. A través de la fina piel del huevo puede verse la silueta del reptil a punto de nacer. Es un bicho repugnante que se arrastra sigiloso hasta que inocula su veneno.
No creo de ninguna manera que se pueda caracterizar a esta Argentina como pre-fascista. Pero es cierto que la metodología para instalar un discurso único es feroz y despiadada. Puro autoritarismo castigador e intimidatorio. Eso no nos habilita para caer en las mismas desmesuras que los Kirchner instalaron con la siembra del odio. “Nazi”, “facho” o “golpista” no son términos que deberíamos utilizar en el debate. Son ese tipo de palabras que se pronuncian con el dedo en el gatillo. ¿Cuál es el próximo paso? Algo nuevo está pasando. Afloran sentimientos ocultos. Todavía son muchos los que callan. Pero cada vez son menos. Como decía el gremio de los periodistas: la peor opinión es el silencio.

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