El PREMIO NOBEL PABLO NERUDA, ¿FUE ASESINADO?

¿MATARON A NERUDA?

Neruda fue “asesinado”, por FRANCISCO MARÍN*

Valparaíso.- El poeta chileno Pablo Neruda “supo a las cuatro de la madrugada (del 11 de septiembre de 1973) que había un golpe de Estado. Se enteró a través de una radio argentina que captaba por onda corta. Ésta informaba que la marina se había sublevado en Valparaíso.

“Trató de comunicarse a Santiago, pero fue imposible. El teléfono estaba fuera de servicio. Recién como a las nueve de la mañana confirmamos que el golpe se había concretado. (…) Ese 11 de septiembre fue un día caótico y amargo porque no sabíamos qué iba a pasar con Chile y con nosotros.”

Manuel Araya Osorio habla de Neruda con la familiaridad de quien ha compartido momentos cruciales con un personaje histórico. Y sí. Fue asistente del poeta desde noviembre de 1972 –cuando regresó de Francia– hasta su muerte el 23 de septiembre de 1973.

El corresponsal se reunió con este personaje el pasado 24 de abril en el puerto de San Antonio. La entrevista se llevó a cabo en la casa del dirigente de los pescadores artesanales chilenos Cosme Caracciolo, a quien Araya le pidió ayuda para develar un secreto que lo ahogaba: “Lo único que quiero antes de morir es que el mundo sepa la verdad, que Pablo Neruda fue asesinado”, asegura a Proceso.

Sólo el diario El Líder, de San Antonio, dio cuenta parcial de su versión el 26 de junio de 2004. Pero no trascendió por la poca influencia de este medio.

Araya afirma que siempre ha querido que se haga justicia. Cuenta que el 1 de mayo de 1974 le propuso a Matilde Urrutia, viuda de Neruda, aclarar esa muerte. Ambos fueron testigos de sus últimas horas: durmieron, comieron y convivieron en la misma habitación a partir del golpe del 11 de septiembre de 1973 y hasta la muerte del poeta, 12 días después, en la clínica Santa María de Santiago.

Pero Araya afirma que Matilde –quien murió en enero de 1985– no quiso tomar acción alguna para fincar eventuales responsabilidades. Según él, Urrutia le dijo: “Si inicio un juicio me van a quitar todos los bienes”. Araya cuenta que en otra ocasión tuvieron una discusión que marcó un quiebre final en su relación con la viuda. “Me dijo que lo que había pasado era cosa de ella y no mía, porque yo ya había terminado de laborar con Pablo, ya no era trabajador y no teníamos nada que ver”.

“Neruda quería que cuando muriera, la casa de Isla Negra quedara para los mineros del carbón (…) Pero la fundación (Pablo Neruda) se apropió de su obra y no ha concretado ninguno de sus sueños. A ellos (los directivos de la fundación) sólo les interesa el dinero”, espeta.

Afirma que hace dos años le entregó a Jaime Pinos, entonces director de la Casa Museo de Isla Negra, de la fundación, un relato sobre los últimos días del poeta. “Pero no han hecho nada con esa información, ni siquiera la han dado a conocer. No quieren que la verdad se sepa (…) Nunca me han dado la palabra en los actos que organizan ni siquiera en las conmemoraciones de su muerte”.

Araya proviene de una familia de campesinos de la hacienda La Marquesa, cerca de San Antonio. Cuando tenía 14 años fue acogido en Santiago por la dirigente comunista Julieta Campusano, quien le dio trato de ahijado.

Este vínculo le ayudó, pues Campusano llegó a ser senadora y la mujer más influyente del Partido Comunista, y gestionó que Araya recibiera una preparación especial en seguridad e inteligencia, entre otras materias. Araya escaló rápido. Fue mensajero personal de Allende antes de fungir como principal asistente de Neruda.

Araya, quien hacía de chofer, mensajero y encargado de seguridad de Neruda, acepta que el autor de Canto general tenía cáncer de próstata, pero no cree que esa enfermedad lo matara. Asegura que dicho padecimiento “estaba controlado” y que Neruda “gozaba de buena salud, con los achaques propios de una persona de 69 años”.

“Abandonados”

Araya dice que después del golpe del 11 de septiembre, Neruda, su mujer y el resto de los habitantes de la casa de Isla Negra quedaron “solos y abandonados”. El contacto con el mundo exterior se reducía a las noticias que les llegaban a través de una pequeña radio que Neruda sintonizaba, a las esporádicas conversaciones telefónicas de un aparato que sólo recibía llamadas y a lo que les contaban en la hostería Santa Elena, cuya dueña “era de derecha y sabía todo lo que pasaba”.

Cuenta que el 12 de septiembre llegó un jeep con cuatro militares. “Todos llevaban los rostros pintados de negro. Yo salí a recibirlos. (…) El oficial me preguntó quiénes estaban en la casa. Le tuve que decir que en ese momento estaban Cristina, la cocinera; la hermana de ésta, Ruth; Patricio, que era jardinero y mozo; Laurita (Reyes, hermana de Neruda); la señora Matilde, Pablito (Neruda) y yo.

“El oficial nos señaló que en el domicilio no podía quedar nadie más que Neruda, Matilde y yo. Entonces tuvimos que arreglárnoslas entre los tres: dormíamos en la recámara matrimonial que estaba en el segundo piso. Yo dormía sentado en una silla, arropado con un chal. Lo hacía para estar más cerca de Neruda, porque no sabíamos lo que nos iba a pasar.”

El 13 de septiembre, cerca de las 10 de la mañana, los militares allanaron la casa. Araya dice que eran como 40 soldados que venían en tres camiones. Iban armados con metralletas, con las caras pintadas de negro y uniforme de camuflaje. Vestidos y pertrechados “como si fueran a la guerra”.

Recuerda: “Entraban por todos lados: por la playa, por los costados (…) Salí al patio para preguntar qué querían. Hablé con el oficial que daba las órdenes. Me dijo que abriera todas las puertas. Mientras revisaban, destruían y robaban, los militares preguntaban si había armamento, si teníamos gente escondida adentro, si ocultábamos a líderes del Partido Comunista (…) Pero no encontraron nada. Se fueron callados. No pidieron ni perdón. Se sentían dueños y señores del sistema. Tenían el poder en las manos”.

Añade que como a las tres de la tarde, poco después de que se habían ido los soldados, llegaron marinos. “Estuvieron más de dos horas. También allanaron la casa y robaron cosas. Registraban con detectores de metales. (…) La señora Matilde me contó que el mandamás de los marinos entró al dormitorio de Neruda y le dijo: ‘Perdón, señor Neruda’. Y se fue”.

Araya recuerda que durante varios días la marina puso un buque de guerra frente a la casa del poeta. “Neruda decía: ‘Nos van a matar, nos van a volar’. Y yo le decía: ‘Si nos tenemos que morir, yo voy a morir en la ventana primero que usted’. Lo hacía para darle valor, para que se sintiera acompañado. Entonces le dijo a la señora Matilde: ‘Patoja –que así la nombraba–: mire el compañero, no nos va a abandonar, se va a quedar aquí’”.

Araya cuenta que conversaciones de ese tipo tenían lugar en la pieza del matrimonio: ellos acostados y él sentado a los pies de la cama. “Nos preguntábamos que haríamos nosotros solos. Pensábamos que a Neruda lo iban a asesinar. Entonces, resolvimos que la única opción era salir del país”.

El viaje

Araya narra que Neruda le dijo que su plan era instalarse en México y una vez en ese país pedir “a los intelectuales y a los gobiernos del mundo entero ayuda para derrocar a la tiranía y reconstruir la democracia en Chile”.

Rememora: “Desde la hostería Santa Elena –a menos de 100 metros de la casa de Isla Negra– nos comunicamos con las embajadas de Francia y México. La de México se portó un siete (nota máxima en el sistema educativo chileno). El embajador (Gonzalo Martínez Corbalá) se movilizó para ayudarnos. Creo que el 17 de septiembre nos llamó para decirnos que se había conseguido una habitación en la clínica Santa María. Allí deberíamos esperar la llegada de un avión ofrecido por el presidente Luis Echeverría”.

El problema era trasladar al poeta a la clínica. “Con Neruda y Matilde pensamos que la mejor y más segura manera de llegar hasta allá era en una ambulancia. Mi misión era conseguirla. Viajé a Santiago en nuestro Fiat 125 blanco y pude arrendar una ambulancia. (…) Recuerdo que ofrecí como seis veces más de lo que me cobraban para asegurar que efectivamente fueran a buscarnos. Acordamos que fueran el 19, porque ese día la clínica tendría todo dispuesto para recibir a Pablito.

“Llega el 19 y solicitamos a Tejas Verdes (el regimiento militar de la provincia de San Antonio) permiso para trasladar a Neruda. Me dijeron: ‘No estamos dando salvoconductos, menos a Neruda’. A pesar de la negativa decidimos partir. La ambulancia entró hasta la puerta que daba a la escalera de su dormitorio. (…) Al salir se despidió de su perrita Panda, se subió a la ambulancia y se acostó en la camilla. Neruda y Matilde se fueron en la ambulancia. Yo los seguí muy de cerca en el Fiat.”

“El viaje fue triste, caótico y terrible. Nos controlaban cada cuatro o cinco kilómetros, parecía imposible llegar a nuestro destino. Imagínese que salimos a las 12:30 y llegamos a las 18:30 a la clínica (distante poco más de 100 kilómetros de Isla Negra).

“En Melipilla fue el control más maldito. Allí Neruda vivió el momento más terrible. (…) Los militares lo bajaron de la ambulancia y le registraron el cuerpo y la ropa. Decían que buscaban armas. Él pedía clemencia, decía que era un poeta, un premio Nobel, que había dado todo por su país y que merecía respeto. Para ablandar sus corazones les decía que iba muy enfermo, pero las humillaciones continuaban. En un momento lloramos los tres tomados de la mano porque creíamos que así iba a ser nuestro fin.”

Finalmente la ambulancia llegó a la clínica tres horas más tarde de lo acordado. “Como llegamos muy cerca de la hora del toque de queda, no pudimos hacer nada más que quedarnos todos en la clínica a dormir (…)

“El embajador Martínez Corbalá fue a vernos al día siguiente. Y también el francés, que nunca supe cómo se llamaba. También recibimos la visita de Radomiro Tomic y Máximo Pacheco (dirigentes democratacristianos), de un diplomático sueco, y de nadie más.”

La inyección misteriosa

Araya dice que los primeros días en la clínica transcurrieron sin sobresaltos. El 22 de septiembre, la embajada de México avisó que el avión dispuesto por su gobierno tenía programado salir de Santiago rumbo a México el 24 de septiembre. Le comunicó además que el régimen militar había autorizado su salida.

“Entonces Neruda nos pidió a mí y a Matilde que viajáramos a Isla Negra a buscar sus cosas más importantes, entre éstas sus memorias inconclusas. Creo que eran Confieso que he vivido. Al día siguiente –23 de septiembre– partimos temprano hacia la casa de Isla Negra. (…) Dejamos a Neruda muy bien en la clínica, acompañado por su hermana Laurita, que llegó ese día a acompañarlo.”

Asegura que Neruda estaba “en excelente estado, tomando todos sus medicamentos. Todos eran pastillas, no había inyecciones. Nosotros nos preocupamos de recoger todo lo que nos indicó. Estábamos en eso cuando Neruda nos llamó como a las cuatro de la tarde a la hostería Santa Elena, donde le dieron el recado a Matilde, quien devolvió la llamada. Neruda le dijo: ‘Vénganse rápido, porque estando durmiendo entró un doctor y me colocó una inyección’.

“Cuando llegamos a la clínica, Neruda estaba muy afiebrado y rojizo. Dijo que lo habían pinchado en la guata (el estómago) y que ignoraba lo que le habían inyectado. Entonces le vemos la guata y tenía un manchón rojo.”

Araya recuerda que momentos después, cuando se estaba lavando la cara en el baño, entro un médico que le dijo: “Tiene que ir a comprarle urgente a don Pablo un remedio que no está en la clínica”.

Fue a comprar el medicamento y Neruda se quedó con Matilde y Laurita. “En el trayecto me siguieron sin que yo me diera cuenta. El médico antes me había dicho que el medicamento no se encontraba en el centro de Santiago, sino en una farmacia de la calle Vivaceta o Independencia. Cuando salí por Balmaceda para entrar a Vivaceta aparecieron dos autos, uno por detrás y otro por delante. Se bajaron unos hombres y me pegaron puñetazos y patadas. No supe quiénes eran. Me cachetearon harto y luego me pegaron un balazo en una pierna.

“Después de todo lo que me pegaron terminé muy mal herido en la comisaría Carrión, que está por Vivaceta con Santa María. Luego me trasladaron al estadio Nacional donde sufrí severas torturas que me dejaron a un paso de la muerte. El cardenal Raúl Silva Henríquez logró sacarme de ese infierno. Por eso estoy vivo.”

Neruda murió a las 22:00 horas en su habitación –la número 406– de la clínica Santa María.

Consultado por Proceso, el director de archivos de la Fundación Neruda, Darío Oses, dio a conocer la posición de esta institución respecto de la muerte del poeta:

“No hay una versión oficial que maneje la fundación. Ésta se atiene a los testimonios de personas cercanas a Neruda en el momento de su muerte y de biógrafos que manejaron fuentes confiables. Hay bastantes coincidencias entre las versiones de Matilde Urrutia en su libro Mi vida junto a Pablo, la de Jorge Edwards en Adiós poeta y la de Volodia Teitelboim en su biografía Neruda. La causa de muerte fue el cáncer. Uno de los médicos que lo trataba, al parecer el doctor Vargas Salazar, le había advertido a Matilde que la agitación que le producía al poeta el enterarse de lo que estaba ocurriendo en Chile en ese momento podía agravar su estado. A esta situación también contribuyeron el allanamiento de su casa (…) y el traslado en ambulancia (…) con controles y revisiones militares en el camino.”

Pero Manuel Araya dice no tener duda alguna: “Neruda fue asesinado”. Y sostiene que la orden vino de Augusto Pinochet: “¿De qué otra parte iba a salir?” (…)

(Aquí, publicación en el diario chileno Clarín de este artículo de la revista mexicana Proceso)

***

Los bienes de Neruda, “secuestrados”, por FRANCISCO MARÍN*

El legado de Pablo Neruda está secuestrado. Sus inmuebles, derechos de autor y hasta su nombre de pluma han sido usurpados por la Fundación Pablo Neruda, dirigida por el abogado Juan Agustín Figueroa, quien apenas lo conoció y en cuya gestión ha privilegiado el lucro al cumplimiento de la voluntad del poeta. El señalamiento no es nuevo pero lo avivó la denuncia de Manuel Araya, asistente del poeta, quien afirma que el Premio Nobel chileno fue asesinado (Proceso 1801).

Neruda concibió a la Fundación Cantalao –así se llamaría– como la instancia que administraría su legado. Los estatutos de la institución fueron redactados por el amigo del Nobel y ministro de Justicia de Allende, Sergio Insunza, y son desconocidos para la mayor parte de la opinión pública. Mario Casasús, reportero del diario chileno El Clarín, los publicó parcialmente el 11 de agosto de 2005.

Neruda había planeado una “fundación de beneficencia sin fines de lucro cuyo objetivo será la propagación de las letras, las artes y las ciencias, en especial en el litoral comprendido entre San Antonio y Valparaíso con un carácter que tienda a expandir su influencia en el país y en el extranjero”, dice el artículo primero de los estatutos.

Planteaba también “la construcción en el bien raíz que se aporta (terreno de cinco hectáreas cercano a la casa de Isla Negra) de edificaciones que se destinarán a sitios de reuniones de escritores, artistas y científicos nacionales y extranjeros como asimismo para su alojamiento”.

En el artículo quinto se establece la composición de un directorio de siete miembros: dos representantes de Neruda, los rectores de las universidades de Chile, Católica y Técnica del Estado, un representante de la Central Unitaria de Trabajadores y un delegado de la Sociedad de Escritores de Chile.

Los estatutos se firmaron el 5 de junio de 1973 en la notaría de Casablanca (Valparaíso) y serían dados a conocer públicamente el 11 de septiembre de 1973 junto con la maqueta de la ciudadela de los poetas, que se pretendía construir.

Manuel Araya sostiene en entrevista con Proceso que la inminente puesta en marcha del proyecto Cantalao “tenía muy contento a Neruda, porque significaba la concreción de uno de sus más preciados sueños”. El cuartelazo abortó la iniciativa.

En sus memorias Matilde Urrutia expresó que ese 11 de septiembre “llegaría a Isla Negra Sergio Insunza con los estatutos de la Fundación Pablo Neruda, con el testamento de Pablo y con los planos y la maqueta de la que sería la casa principal de la Fundación en Punta de Tralca (en Cantalao). Todo estaría listo para la firma que se haría ese día”.

En el reportaje Oda al dinero –publicado el 9 de julio de 2006–, el diario chileno La Nación asegura que Figueroa descartó la posibilidad de realizar en Cantalao una casa de poetas al sostener que allí se haría “un parque ecológico”. Hasta el momento no se ha hecho nada en el lugar pese a que el 25 de diciembre de 2008 el empresario minero Leonardo Farkas donó 400 mil dólares para construir ahí un Memorial a Neruda.

Neruda confió la tramitación de la personalidad jurídica de la fundación a su secretario personal Homero Arce, con quien tenía una gran cercanía y confianza: fue Arce quien tomó dictado de sus memorias Confieso que he vivido y quien le ayudó a preparar la Antología popular 1972.

Tras la muerte de Neruda, Matilde Urrutia alejó a Arce del legado del poeta. En sus memorias –Mi vida junto a Pablo Neruda (Seix Barral, 1986)–, la viuda lo acusó de pretender censurar el último capítulo de Confieso que he vivido y sostiene que por eso lo separó de la edición de ese libro. A Arce ni siquiera se le menciona como quien transcribió y ordenó las memorias; ese crédito se le da al escritor y diplomático venezolano Miguel Otero Silva.

Urrutia no cuenta el final que tuvo el secretario del poeta. Arce fue secuestrado por agentes de la dictadura de Augusto Pinochet el 2 de febrero de 1977 y murió cuatro días después en el hospital Ramón Barros Luco a consecuencia de los golpes que le propinaron.

En entrevista con Proceso, Casasús dice que Arce “pasó de ser el más cercano y leal al más ninguneado y olvidado tras la muerte de Neruda”.

La fundación

Neruda murió intestado. Matilde Urrutia, en tanto esposa, fue heredera de sus bienes. Según Manuel Araya ella se hizo asesorar por “gente de derecha, puesto que ella nunca fue de izquierda”.

Agrega: “A ella lo que le interesaba era quedarse con los bienes de Neruda y no que se hiciera su voluntad. Por ejemplo, Neruda quería que su casa de Isla Negra quedara como un lugar de descanso para los mineros enfermos de silicosis… Pero ella se olvidó de todo eso. Sólo la motivaba el dinero”.

Casasús dice a Proceso que Matilde Urrutia “es responsable de entregar en bandeja de plata el legado de Neruda a lo peor del pinochetismo, que está representado por Juan Agustín Figueroa”.

El Consejo de Administración de la Fundación Neruda –integrado el 15 de enero de 1982– poco a poco se llenó de personas cercanas a Figueroa, quien lleva 25 años como presidente. Aunque intelectuales destacados lo acompañaron en el primer directorio, después se hicieron a un lado y dejaron la fundación en su manos.

El primero estuvo formado por Raúl Bulnes, amigo de Figueroa; el escritor Jorge Edwards, el economista Flavián Levine y el actor Roberto Parada. Edwards y Levine renunciarían al poco tiempo y fueron reemplazados por Aída Figueroa, hermana de Juan Agustín, y por la esposa de éste, Marcela Elgueta. Cuando murió Parada ingresó al directorio Jorge del Río, abogado del estudio jurídico de Figueroa.

Años después Edwards expresaría su opinión sobre la Fundación Neruda: “Estos gallos pasaban en reunionitis y compromisos sociales; yo les advertí muchas cosas en las que estaba en desacuerdo y nunca me dieron pelota con las cosas culturales que les propuse, parecían estalinistas, comisarios y son todos capitalistas; esto ya es una empresa cultural bastante rasca (ordinaria) que no se preocupa de lo literario. En el fondo no le hace ningún bien a Neruda” (La Nación, 9 de julio de 2006).

“Oda al dinero”

En sus memorias, Urrutia da indicios de las intenciones de Figueroa. “Nunca olvidaré la cara de mi amigo Juan Agustín Figueroa cuando comenzó a investigar los bienes: ‘¿Qué acciones tiene?’ –me preguntó. (…) ‘Dime Matilde, ¿y el dinero del bullado Premio Nobel?’”

En Oda al dinero, Figueroa sostiene que él llegó a la clínica Santa María el 22 de septiembre de 1973, un día antes de la muerte de Neruda. “Me acerqué a Matilde y le dije: ‘Mira, estamos en una situación extrema, Pablo está muy grave y no ha hecho su testamento; yo creo que son los últimos momentos y hay que hacerlo ya’”.

Los derechos de autor, la casa-museo y la mercadotecnia creada a partir de su imagen generan ganancias cuyo monto es uno de los secretos mejor guardados de la fundación. El diario La Tercera, en nota de junio de 2004, asegura que sólo en 2003 ingresaron a sus arcas cerca de mil millones de pesos chilenos (2.1 millones de dólares).

La Fundación Neruda invirtió ese dinero en la empresa Cristalerías Chile,  cuyo propietario es Ricardo Claro. Este personaje era muy cercano a Augusto Pinochet y fue además uno de los principales impulsores del cuartelazo de 1973 que acabó con la vida de Allende.

Cuando esta información fue dada a conocer por Casasús en su libro La gestión de la Fundación Neruda: una mirada crítica (2005) se armó un revuelo en Chile. Figueroa se justificó, como reseña la citada nota de La Nación: “Nunca hemos hecho inversiones en actividades que podrían ser éticamente reprochables, como en bombas de racimo o seguros de vida de personas que están cercanas a la muerte”.

En octubre de 2005, en entrevista con el periódico mapuche Azkintuwe, el hijo de Sergio Insunza y sobrino de Figueroa, Ramiro Insunza, señaló que aquél “es un ladrón (…) le robó incluso a mi madre (Aída Figueroa) 300 millones de pesos por concepto de tres años de cosecha en el fundo que comparten en el sur de Chile. A Figueroa hubo que llevarlo a los tribunales para que abriera los libros de contaduría (y) se negó todo el tiempo a que se revisaran las cuentas del fundo (…) al final, con la amenaza (que le hicimos) de llevar el caso a la Suprema Corte, accedió a regañadientes y quedó demostrado el robo”.

Casasús asegura que este es el modus operandi de Figueroa, que se niega a transparentar los ingresos de la fundación incluso a los consanguíneos de Neruda.

El 10 de mayo de 2007, la Sucesión Reyes –figura jurídica que representa a la familia Neruda y que encabeza Rodolfo Reyes, sobrino del poeta– demandó a la Sociedad Inmobiliaria Maulén, dueña de la cadena de hoteles Neruda. La acción judicial se basó en que el uso comercial del nombre del poeta sería ilegal dado que éste no es propiedad de la Fundación Neruda sino de la sucesión familiar. Esta causa se ventila en un juzgado civil de Santiago.

Neruda VIP

La Fundación Neruda posee 75% de los derechos de autor y la administración de sus casas. La Sucesión Reyes también está en disputa con la fundación por haber facilitado ésta el uso del nombre del Premio Nobel a la aerolínea chilena LAN, que creó el salón Neruda VIP en el aeropuerto de Santiago. También hay litigios por el uso de “esta marca” para líneas de chocolates y vinos, empresas que han contado con la autorización de Figueroa.

Además de cuestionarlo por el uso comercial de la Fundación Neruda, a Figueroa se le señala por haber invocado la Ley Antiterrorista –creada durante la dictadura de Pinochet– contra dos dirigentes mapuches: Aniceto Norín y Pascual Pichún. Ellos encabezaban a comunidades del municipio de Traiguen que acusaron a Figueroa de invadir tierras que les pertenecen usando artilugios como la corrida de cercas.

En 2004, los dirigentes mapuches fueron sentenciados a cinco años de cárcel por “amenaza terrorista”. Estas condenas fueron las primeras emitidas con apego a aquella ley tras el retorno a la democracia en 1990. Después de este caso, más de un centenar de mapuches han sido procesados o condenados gracias a esa reglamentación.

Las acusaciones de Figueroa encontraron respaldo del gobierno del socialista Ricardo Lagos –que hizo al Estado parte de las querellas a través del Ministerio de Interior– y del Ministerio Público, que utilizó pruebas falsas para inculpar a los mapuches.

Por otra parte, la Fundación Neruda intentó prohibir en tribunales la publicación de un libro, compilado por Leónidas Aguirre, con los discursos que Pablo Neruda pronunció en tribuna entre 1945 y 1948 en su calidad de senador por el Partido Comunista.

Argumentó una supuesta violación de los “derechos de autor” que reclama poseer de manera exclusiva. Sin embargo, la Corte de Apelaciones autorizó más tarde la publicación expresando que “las actas de sesión del Senado no están protegidas por la Ley 17.336 sobre propiedad intelectual”. El libro fue publicado como Yo acuso: discursos parlamentarios de Pablo Neruda (Oveja Negra, 2002).

Araya cuenta que Neruda era “muy generoso”. Afirma que “él ayudaba a mucha gente que se lo solicitaba”. Y que los aportes los hacía “a escondidas de Matilde, a quien no le gustaba que regalara su dinero”.

Según Araya, el autor de Residencia en la tierra donó al Partido Comunista (PC) 70% del monto del Premio Nobel con el fin de que se comprara una imprenta para su periódico: El Siglo. “Todas las máquinas que trajeron para imprimir y llegaron del extranjero las compró Neruda. Yo fui muchas veces al puerto de Valparaíso a retirar cosas y enviarlas al destino que él me ordenaba”, cuenta Araya.

Neruda donó en vida algunas propiedades. A su ex esposa Delia del Carril le cedió la Casa Michoacán, en Santiago. Su residencia de Isla Negra se la regaló al PC, pero como todos los bienes de este partido, la propiedad fue confiscada en 1973. En 1992, la Fundación Neruda se la compró al Ministerio de Bienes Nacionales en 300 millones de pesos (700 mil dólares). Según Casasús en la actualidad la propiedad “es una frívola casa-museo donde exponen a un poeta descafeinado, desarraigado de su familia y militancia política”.

Además, el 20 de junio de 1954 Neruda donó su invaluable colección de caracoles a la Universidad de Chile, entidad a la que también dejó en vida su nutrida biblioteca personal.

Neruda también regaló los derechos de su Antología popular 1972 a condición de que se distribuyera gratuitamente al pueblo de Chile. El 20 de noviembre de 1972, con financiamiento del Ministerio de Educación, se hizo el primer tiraje de150 mil ejemplares.

En 2004 la editorial española Edaf hizo la reimpresión del libro, como si fuera una antología inédita. Esto fue autorizado por la Fundación Neruda. La Comisión Bicentenario (del gobierno de Chile) editó nuevamente en 2009 la Antología popular 1972 con un tiro de 28 mil 500 ejemplares que repartió gratis. Pero repitió el error de Edaf: eliminó la fecha exacta de la impresión original. Esta publicación también fue autorizada por la Fundación Neruda.

Investigan la muerte del poeta

El Partido Comunista (PC) de Chile presentará una querella criminal contra quien resulte responsable por el posible asesinato de Pablo Neruda, informó Guillermo Teillier, dirigente de esa agrupación política.

El PC determinó lo anterior a raíz de las declaraciones hechas a Proceso (edición 1801) por Manuel Araya, quien fuera asistente personal de Neruda, en las que habla de las extrañas circunstancias que rodearon la muerte del poeta chileno.

Según Araya, el 22 de septiembre de 1973 Neruda se aprestaba a viajar a México en un avión enviado por el presidente Luis Echeverría. El escritor, internado en la clínica Santa María de la capital chilena, avisó a su esposa, Matilde Urrutia, así como al propio Araya, que un médico le había puesto una inyección en el estómago. Unas horas después murió.

En entrevista con este semanario, Teillier afirma que la acción judicial se presentará antes de que termine mayo. “Nuestros abogados están estudiando el caso y ya se pusieron en contacto con Manuel Araya. Están recopilando todos los antecedentes que puedan ser relevantes para entablar la querella, como el certificado de defunción, que aún no se ha encontrado”. Teillier adelanta que solicitarán que se nombre un ministro en visita que haga todas las diligencias que permitan aclarar las causas de la muerte del Premio Nobel.

El líder del PC dice: “No me gusta especular, pero al tenor de las situaciones que se han vivido aquí y considerando que Pablo Neruda, si lograba salir del país, se hubiera transformado en un formidable enemigo de la dictadura de Pinochet, no resultaría sorprendente que lo hayan matado”.

Añade: “Pinochet ordenó el asesinato de todas las personas que de alguna u otra manera podían convertirse en una amenaza. Es el caso del general Carlos Prats, del canciller Orlando Letelier. Además atentó contra Bernardo Leyton (líder democratacristiano), contra Volodia Teitelboim (exsecretario general del PC) y otros personajes políticos que estaban en el exterior.

“Araya dice que a Neruda se le aplicó en el cuerpo una sustancia extraña. Y esto no sería una excepción: en la misma clínica Santa María, donde falleció Neruda, murió aparentemente por efecto de drogas introducidas en su cuerpo el ex presidente Eduardo Frei Montalva (22 de enero de 1982).”

El líder comunista expresa que el ex ministro de Interior de Salvador Allende, José Toha, y el propio mandatario socialista pudieron ser asesinados por la dictadura. Ambas muertes son investigadas y este lunes 23 se exhumarán los restos de Allende por una orden del juez Mario Carroza.

Teillier asegura que el PC hará “todos los esfuerzos posibles” por aclarar la muerte de Neruda y dice que el poeta “está en el ADN del Partido Comunista”. Neruda fue precandidato presidencial del PC con miras a las elecciones de septiembre de 1970, en las que finalmente Allende representó a la Unidad Popular.

(Aquí, publicación en el diario Clarín, de Chile, de este artículo de la revista mexicana Proceso)

***

México.- La denuncia del presunto asesinato del poeta Pablo Neruda debe ser investigada, dice el embajador Gonzalo Martínez Corbalá, una de las últimas personas que vio con vida al Nobel de Literatura en el cuarto de la clínica Santa María, donde murió el 23 de septiembre de 1973.

Si yo fuera chileno la investigaría, subraya quien en ese entonces se desempeñaba como embajador de México en Chile ante la polémica por las acusaciones de asesinato, presentadas por Manuel Araya, quien fue asistente del poeta, y recogidas por la prensa internacional.

Por lo pronto, el próximo martes el Partido Comunista de Chile, por medio del diputado Guillermo Teiller, presentará una querella contra quien resulte responsable, adelanta don Gonzalo Martínez Corbalá, articulista y fundador de este diario, quien narra en entrevista con La Jornada lo ocurrido en los últimos días del autor de 20 poemas de amor y una canción desesperada y militante del Partido Comunista.

En esta charla corrige algunos datos expuestos por Araya y destaca, además, un dato relevante: el acta de defunción de Pablo Neruda señala que el sábado 22 el poeta se encontraba en estado catatónico. Lo que dice el documento no es cierto, porque yo estuve con él. Era el día pactado para su salida de Chile con rumbo a México.

Regresar a Chile

La historia acerca de Neruda comienza el 16 de septiembre de 1973, cuando el avión que transportaba a la viuda de Salvador Allende, Hortensia Bussi, a decenas de exiliados chilenos y al embajador Martínez Corbalá, aterriza en el aeropuerto de la ciudad de México.

Ese mismo día por la noche, después de contar al presidente Luis Echeverría Álvarez lo ocurrido en Chile, don Gonzalo recibió una única orden del mandatario: buscar a Neruda y traerlo a México. Habían pasado cinco días del golpe de Estado contra el presidente Allende.

En el regreso a México “tuvimos que demorar el avión para llegar después del desfile (de Independencia) porque el presidente iba a ir con todo el gabinete a esperar a Tencha (Hortensia Bussi) y a la familia de Allende. Me asomé por la ventanilla del avión hacia el salón oficial del aeropuerto y vi a lo lejos al presidente de la República y a todo el gabinete formado, vestido de negro, de luto riguroso. Yo venía barbudo, hecho un desastre con dos o tres noches sin dormir, en fin, alguien me dijo: ‘embajador, aféitese’; creo que fue uno de los pilotos y me dio una maquinilla para darme una rasurada y acomodarme la corbata para no llegar haciendo la escena de llegar en esas fachas”.

El presidente, acompañado por la viuda de Allende, ofreció una conferencia de prensa a la cual el embajador llegó un poco tarde al ser retenido por familiares y amigos. Al terminar la reunión con los medios, el presidente le dio cita a Martínez Corbalá para las 5 de la tarde de ese 16 de septiembre. Desde esa hora y hasta las 11 de la noche don Gonzalo respondió al mandatario todas sus preguntas acerca del golpe que llevó al poder a Pinochet.

“A las 11 de la noche interrumpió la conversación, y me preguntó: ‘en su opinión cuál es el siguiente paso que tenemos que dar’. Respondí que el siguiente paso era que yo tenía que regresar a Chile, porque teníamos aquello prendido con alfileres: 300 asilados en la embajada, 200 en la residencia, y ahí puede pasar cualquier cosa, nos cortan el agua, la luz, se nos enferma alguien y se hace una epidemia. ‘Yo tengo que regresar’.”

Echeverría “tomó la red y marcó el número de (Jesús) Castañeda Gutiérrez (jefe del Estado Mayor) y le dijo: ‘necesitamos un avión para que salga nuestro embajador de regreso a Chile. Que sea de buen tamaño para que pueda regresar con algunos asilados. Me avisa usted cuando esté listo’. A los 10 minutos sonó la red y era Castañeda Gutiérrez. El presidente me dice que el avión salía a la una de la mañana del hangar presidencial”.

Colgó y entonces dijo la única orden: “Busque usted a Neruda en Santiago, sabemos que está enfermo, que está mal, ofrézcale, dígale que le ofrecemos que venga a México como huésped distinguido invitado del presidente y del pueblo de México o si lo prefiere que venga como asilado acogido, a los términos del tratado de asilo con la protección que le corresponde. Que él lo decida“.

En el avión que lo llevó a Chile de nuevo sólo él iba de pasajero y la tripulación completa de otro avión, que llevaba refacciones para un aparato mexicano que no tuvo permiso de aterrizar en Chile y tuvo que hacerlo en Jujuy, Argentina. Llegamos a Santiago el lunes 17, después del toque de queda, es decir, después de las 7 de la noche. Era una locura viajar después de esa hora del aeropuerto a la ciudad. Esa noche dormimos en el avión.

Al día siguiente envió al agregado cultural Pascual Martínez Duarte a buscar a Pablo Neruda a su casa en Isla Negra. “Regresó y me dijo que no estaba en Isla Negra. ‘Neruda está en Santiago, en la clínica Santa María’. Me fui a verlo inmediatamente.”

Asiduo en Isla Negra

Según la versión de Araya, el embajador había hecho los arreglos para trasladar a Neruda a la clínica, que en ese entonces era lo mejor que había. “Dice Araya que yo fui el que preparó el cuarto en la clínica Santa María. No lo conseguí yo. Ahí lo encontré, ahí le expliqué a qué iba. Había llevado una relación muy fluida con él y con Matilde que muchas veces nos habían invitado a mí y a mi mujer a almorzar en Isla Negra. Almorzábamos en la recámara de Pablo porque ya no se podía parar, no podía caminar, y nos habíamos visto varias veces, me contó la idea que tenía de hacer una ciudad en los terrenos de Isla Negra, donde había invertido todo lo que él había ganado, que no debe haber sido poco.

Tenía la idea de hacer ahí una ciudad. La comparo con La ciudad del sol de Campanella, de intelectuales, artistas, escritores, pensadores. A esa ciudad la iba a llamar Cantalao, que no quiere decir nada, era un nombre eufónico que había inventado Pablo. Cantalao, igual la misma idea que tuvo en México el doctor Atl, que quería hacer una ciudad pero en el valle de Jiquilpan, entre la laguna de Chapala y el estado de Michoacán. Un lugar así paradisiaco, pero él le iba a llamar Ollincatl, que el Ollin es el primer signo que expresó una idea y que aparece en el códice Borbónico, en tres versiones gráficas muy bellas. Aquí en la familia lo usamos como escudo de armas.

La amistad con Neruda comenzó en 1972, año en que don Gonzalo llegó como embajador a Chile. “Habíamos hecho amistad y nos veíamos con frecuencia. Cuando me mandó el presidente tratamos de ejecutar la orden. Pablo aceptó al punto de que me dieron sus maletas y las de Matilde (Urrutia, esposa de Neruda) y un paquete con el manuscrito de Confieso que he vivido, escrito con la tinta verde que usaba Pablo.”

Neruda, recuerda Martínez Corbalá, había aceptado la opción de venir como invitado de honor del presidente y del pueblo de México. “Lo planteé a la Junta, a la cancillería chilena de facto, lo aceptaron sin poner objeciones, le dieron su pasaporte y en la embajada le dimos la visa. Ya estábamos listos.”

Salida postergada

–¿Cuándo nos vamos don Pablo?, le pregunté

–Pues nos vamos el sábado 22, respondió. Matilde ya estaba de acuerdo con él.

Así que en los días siguientes se dedicó a cargar los cuadros de la colección Carrillo Gil, rescatados del Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago.Castañeda me había sermoneado para que no me fuera a entretener más de lo necesario, porque ese avión, más grande, lo habían sacado de una aerolínea internacional y eso costaba mucho dinero, pero ni modo.

El sábado 22, alegre y chiflando, fue a recoger al autor de Residencia en la Tierra a la clínica Santa María.

“Creo que eran las 11 de la mañana. Veo a don Pablo, que era un hombre como todos los hombres en ese nivel que han vivido toda su vida entre la creación artística y era una vida muy diferente a la nuestra. Le dije: ‘Ya don Pablo, vámonos. Ya estoy listo. Todo está preparado’. Teníamos una ambulancia para llevarlo de la clínica al aeropuer-to y me dijo simplemente: ‘embajador, no me quiero ir ahora’.

“‘Chin’ dije. Sentí que se me abrió el piso. Ya los cuadros adentro del avión, y Castañeda encima de mí, pero no me iba a poner a discutir con Pablo Neruda y menos en el hospital. Le dije ‘bueno don Pablo ¿cuándo quiere que nos vayamos? Me dijo: ‘Nos vamos el lunes embajador, categóricamente, nos vamos el lunes’.

El funcionario mexicano habló con Matilde, se quedó con las maletas del Nobel y de su esposa así como con el manuscrito (que pudo regresar a las manos de la mujer del poeta cinco años después).

El sábado y el domingo se dedicó a despedirse de algunos amigos, entre ellos la esposa de Clodomiro Almeyda, Irma, y de Hugo Miranda, ambos colaboradores del presidente Allende, presos en la isla Dawson.

El domingo por la noche recibió una llamada de México, era el subsecretario de Relaciones Exteriores, José Gallástegui, quien a gritos, porque la comunicación era muy mala, le dijo: “¡Oye Gonzalo, aquí en México está el rumor de que Pablo Neruda murió. Me quedé verdaderamente impactado.

–Aquí estoy, no me he movido y no sé nada. Ahorita voy a la clínica Santa María y después te hablo.

Con todo y que ya era de noche, con el toque de queda encima, salió con rumbo al nosocomio amparado con un salvoconducto obtenido días antes que le permitía transitar después del toque. “Cuando llegué ya había muerto. Entonces ya con Matilde nos pusimos de acuerdo en qué podía ayudarla. Al día siguiente, lunes, llegué a la Chascona temprano. La Chascona era la casa de Neruda en Santiago. Chascona, en Chile es una mujer que se corta el cabello cortito.

Llegué exactamente con los tres representantes de la Fuerzas Armadas que iban a dar el pésame Matilde, quien por supuesto no los recibió. Yo pasé inmediatamente y los oficiales se quedaron fuera con su palmo de narices.

La Chascona era un desastre, recuerda Martínez Corbalá. Los militares habían asaltado el lugar y la escena era de caos: Estaban todos los cuadros en las paredes rasgados con las bayonetas. Neruda coleccionaba de todo, muy ordenado y clasificado. En La Chascona tenía relojes de péndulo, a culatazos despedazados y en el suelo tirados los engranes y las piezas. Las ventanas también habían sido rotas de modo que el piso estaba cubierto de vidrios. Había una acequia: la desbordaron, la desviaron y la hicieron pasar por en medio de la sala. Ese era el ambiente que había en La Chascona. Lo único que no rasgaron fue un retrato de Matilde que le había hecho Siqueiros, que estaba en la cabecera de su recámara, donde estaba el ataúd de Neruda.

De ahí salieron con rumbo al panteón, en dos o tres automóviles. “Yo iba en el de Matilde. A los lados de la avenida que iba al panteón había dos filas de soldados a cada lado, con unos grandes escudos para defenderse seguramente de Matilde y de nosotros los embajadores. Cuando se inició el cortejo, éramos los únicos acompañantes pero conforme iba pasando la gente salía de sus casas y se incorporaban, se hacía más grande. Gritaban: ¡Pablo Neruda!, contestaban todos ¡Presente! ¡Salvador Allende! ¡presente!

“Matilde se bajó del coche y nosotros junto con ella, ya fuimos hasta el panteón. En el reportaje que hace Proceso de este señor Araya hay una foto donde se ve el féretro y la gente al lado. Atrás estamos Matilde y yo.”

–¿Existe sustento para pensar que Neruda fue asesinado?

–Me llamaron de Chile el lunes o martes. Me habló Eduardo Contreras Mello (quien presentó la primera querella contra Pinochet y abogado de derechos humanos) y me dijo: Oiga embajador hay este asunto y nosotros necesitamos saber de usted qué fue lo que pasó, porque las únicas dos personas vivas en este mundo son usted y Araya. Ya investigamos a Araya, si no es un loco o un borracho, y no es ni loco ni borracho.

A Manuel Araya, “yo no lo conocí, nunca lo vi; probablemente lo vi haciendo alguna tarea o un servicio en la casa o de Isla Negra o de Chascona pero que me acuerde de alguien que fuera esta persona, no.

“Está el acta de la muerte de Neruda. Me dijo Contreras que según el documento, Neruda, el sábado 22 ya estaba en estado catatónico. Lo único que podría decir es que eso no es cierto porque yo estuve con él y me dijo que no se quería ir. Hablaba con toda normalidad y estuve un rato con él. Era una persona muy sensible, muy especial su manera de ser. Le gustaba jugar con juguetes de peluche que tenía en su cama, muy conversador, muy especial pero muy lejos de que ese sábado 22 estuviera como dice el acta de defunción catatónico.

Aparentemente ese grupo que encabeza Eduardo Contreras ya está sobre el asunto, ya están investigando y no lo van a dejar, sobre todo, si la primera investigación que hicieron acerca de Araya les dice que no es un hombre disipado, ni borracho ni loco.

–¿Qué tan grave estaba Neruda ese sábado?

–Lo vi tan mal, como el primer día que lo había visto. Como los otros días. No lo vi más mal en la clínica Santa María que lo que estaba en su casa en Isla Negra, cuando fuimos la primera vez a verlo, cuando nos contó lo de Cantalao.

–¿Se debe investigar entonces?

–Mira, creo que sí. Yo no debo dar una opinión de ‘sí o no, investiguen’. Pero si yo fuera chileno lo investigaría.

El profesor universitario Darío Salinas ofrece más detalles acerca de la querella que se presentará el martes. El querellante es Eduardo Contreras y formalmente la presentará el diputado comunista Guillermo Teiller, dijo el politólogo chileno a La Jornada.

La querella surge a partir de la declaración que ha hecho el asistente de Pablo Neruda, Manuel Araya, quien es un hombre comprometido, no sólo en el sentido de la lealtad hacia Pablo, sino también políticamente. Pablo Neruda no habría tenido de asistente a una persona con un horizonte diferente al de Araya.

Con la querella “se trata justamente de mostrar lo que siempre ha dicho don Gonzalo Martínez Corbalá: que tuvo contacto con Pablo Neruda un día antes de su muerte y que Neruda no estaba moribundo. Que mantuvo con él una conversación absolutamente fluida, más todavía cuando se trataba de los términos de la conversación que era la posibilidad de viajar a México. Esto está documentado en varios testimonios, nunca llegó a un plano jurídico como será ahora.

Pablo Neruda, como Allende, se merece una verdad histórica completa. Una verdad verdadera, valga la redundancia. El martes se presenta la querella y con eso se abre formalmente el proceso encaminado a establecer la causa de la muerte de Neruda.

(Aquí, publicación original de este artículo)

***

La Fundación Pablo Neruda desmintió la versión de un asistente del poeta chileno y premio Nobel de Literatura 1971, que aseguró que el vate murió asesinado y no producto de un cáncer a la próstata.
“No parece razonable construir una nueva versión de la muerte del poeta, sólo sobre la base de las opiniones de su chofer, el señor Manuel Araya, quién viene insistiendo en este asunto sin más prueba que su parecer”, afirmó la Fundación en un comunicado.

Neruda, militante del Partido Comunista, murió el 23 de septiembre de 1973 en la clínica capitalina Santa María, la misma donde según una investigación judicial en desarrollo fue asesinado con toxinas el ex presidente Eduardo Frei Montalva, en 1982.

Araya, quien dijo que además de chofer era el asistente personal del poeta, declaró a una revista mexicana que un día antes de que Neruda, su esposa Matilde Urrutia y él viajaran al exilio en México, el vate les pidió que retirarán algunas cosas de su casa en el vecino balneario de Isla Negra.

Agregó que estando allá con Urrutia recibieron un llamado de Neruda, quien les dijo: “Vénganse rápido, porque estando durmiendo entró un doctor y me colocó una inyección”.  Araya añadió que Neruda murió ese mismo día, el 23 de septiembre.

“El golpe militar del 11 de septiembre de 1973, la muerte de su amigo, el Presidente Salvador Allende, y la persecución desatada contra otros de sus amigos, agravó su estado de salud, hasta el punto que, en las difíciles condiciones creadas por la represión de esos días, tuvo que ser trasladado de emergencia desde su casa de Isla Negra a la Clínica Santa María, el 19 de septiembre”, declaró la Fundación.

(Aquí, publicación original de este artículo)

***

(…)

Su última aparición en público fue el 5 de diciembre de 1972, donde el pueblo chileno realizó un homenaje al poeta en el Estadio Nacional.

En febrero de 1973, por razones de salud, renuncia a su cargo de embajador de Chile en Francia.

El 19 de septiembre, al agravarse su salud, es trasladado de urgencia desde su casa de Isla Negra a Santiago. Finalmente, el 23 de septiembre, Pablo Neruda muere a las 22.30 en la Clínica Santa María deSantiago debido a un cáncer de próstata. Un reciente artículo13 del diario el Clarín planteó que, según la confesión de los propios familiares de Neruda, éste habría sido asesinado en la Clínica Santa María deSantiago, el mismo 23 de septiembre, tras aplicársele una inyección letal. Aunque la información ha sido desmentida14 los hechos aún no están esclarecidos.

Pocos días antes, el 11 de septiembre, el gobierno de Allende había sido violentamente derrocado por el golpe de Estado encabezado por el general Augusto Pinochet, y la casa de Neruda en Santiago había sido saqueada y sus libros incendiados. Su funeral fue realizado en el Cementerio General, rodeado de soldados armados de ametralladoras. Aun así, se escuchaban desafiantes gritos de homenaje a él y a Salvador Allende, junto a la entonación de La Internacional.

El 11 de diciembre de 1992, los restos de Neruda y Matilde Urrutia son exhumados y llevados para un velatorio ceremonial en el Salón de Honor del ex Congreso Nacional. Al día siguiente se da cumplimiento al deseo del poeta: que su cuerpo fuese enterrado en su casa de Isla Negra. Ese lugar y todas las demás pertenencias son ahora museos administrados por la Fundación Neruda.

(…)

(Aquí, versión completa de este artículo)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: