EL PAIS TODAVIA NO HA RECUPERADO LA CONCORDIA

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Domingo 19 de enero de 2014 | 02:53

40 años del ataque del ERP a la Guarnición Azul del Ejército

Por el coronel (R) Horacio Guglielmone

A 40 años de lo ocurrido en la noche del sábado 19 al 20 de enero de 1974, cuando el autodenominado Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) atacó el cuartel de la Guarnición de Ejército Azul (provincia de Buenos Aires), es oportuno el recuerdo, el reconocimiento y la reflexión, en el contexto de aquellos años.

Esa noche, siendo las 23.40, el ERP atacó el citado cuartel con unos 240 efectivos, conducidos por Enrique Haroldo Gorriarán Merlo (el 23 de enero de 1989 también dirigió el sangriento ataque al cuartel de La Tablada) y con el objetivo principal de robar armamento, munición y explosivos para incrementar el poder de combate de la organización. En el cuartel, esa noche, había sólo unos 60 hombres, por tratarse de un sábado y estar en período de licencias anuales y cambios de destino.

Pese a tener a su favor factores determinantes, como son la sorpresa y la significativa superioridad de efectivos, el ataque fue un rotundo fracaso, ya que no pudieron robar absolutamente nada, por no lograr llegar a ningún depósito o a la Sala de Armas. Por el contrario, en su huida abandonaron una notable cantidad de armamento, munición y equipo, además de sufrir las bajas de 25 atacantes. Lo que sí lograron fue asesinar al entonces soldado conscripto Daniel Osvaldo González, que se desempeñaba como centinela en el puesto de guardia N° 4; al jefe de la guarnición, coronel Camilo Arturo Gay, que murió en combate al ser interceptado cuando se dirigá al cuartel para conducir la defensa, y a su esposa, Nilda Irma Cazaux, a la que mantenían como rehén, junto a sus dos hijos de 14 y 21 años, a un amigo de este último, que estaba de visita, y a un suboficial.

El jefe del Grupo de Artillería Blindado 1, teniente coronel Jorge Roberto Ibarzábal, fue secuestrado y asesinado luego de un torturador cautiverio de 10 meses, el 19 de noviembre de 1974, cuando en un control de tránsito fue interceptado, en la localidad de Francisco Solano, el vehículo en el que era trasladado de una de las llamadas “cárceles del pueblo” a otra. Ibarzábal fue encontrado en la caja de la pick-up Rastrojero interceptada, dentro de un armario metálico de 1,65 m por 0,65 m por 0,45 m, donde fue acribillado con tres disparos de revólver calibre 3,57 magnum, para evitar que fuera rescatado.

Ante los hechos acaecidos en Azul, el entonces presidente de la Nación, Juan Domingo Perón, el 20 de enero de 1974 dirigió un mensaje al país, por la cadena de emisoras de radio y televisión, en el que, entre otras cosas, dijo: “No es por casualidad que estas acciones se produzcan en determinadas jurisdicciones. Es indudable que ello obedece a una impunidad en la que la desaprensión e incapacidad lo hacen posible, o lo que sería aún peor, si mediara, como se sospecha, una tolerancia culposa. (….) Pido, asimismo, a todas las fuerzas políticas y al pueblo en general que tomen partido activo en la defensa de la República, que es la afectada en las actuales circunstancias. Ya no se trata de contiendas políticas parciales, sino de poner coto a la acción disolvente y criminal que atenta contra la existencia misma de la Patria y sus instituciones, que es preciso destruir antes de que nuestra debilidad produzca males que puedan llegar a ser irreparables en el futuro. (…) El aniquilar cuanto antes este terrorismo criminal es una tarea que compete a todos los que anhelamos una Patria justa, libre y soberana, lo que nos obliga perentoriamente a movilizarnos en su defensa y empeñarnos decididamente en la lucha a que dé lugar”.

Asimismo, el 23 de enero Perón dirigió una carta a los jefes, oficiales, suboficiales y soldados de la guarnición Azul, en la que nos decía, entre otras cosas, lo siguiente: “El objetivo perseguido por estos grupos minoritarios es el pueblo argentino, y para ello llevan a cabo una agresión integral. Por ello, sepan ustedes que en esta lucha no están solos, sino que es todo el pueblo que está empeñado en exterminar este mal y será el accionar de todos el que impedirá que ocurran más agresiones y secuestros. (.) La decisión soberana de las grandes mayorías nacionales de protagonizar una revolución en paz y el repudio unánime de la ciudadanía harán que el reducido número de sicópatas que va quedando, sea exterminado uno a uno para bien de la República. (.) Quiera Dios que el heroico desempeño de todos ustedes nos sirva siempre de ejemplo”.

Este mensaje al país, el 20 de enero de 1974, marca un hito en la citada guerra, porque Perón identifica el accionar de estas organizaciones como una agresión a la Nación toda y llama a sus habitantes a contribuir a su aniquilamiento. Luego, en la carta dirigida a los oficiales, suboficiales y Soldados de la Guarnición Azul, habla de exterminarlos. Son éstos los duros términos que usa, pues eran momentos de definición, decisivos para la vida de la República. Asimismo, sin nombrarlo, hace un cargo directo al gobernador de la provincia de Buenos Aires, Dr. Oscar Raúl Bidegain, lo que lleva a la renuncia de éste, el 24 de enero de 1974.

Han pasado 40 años y la Argentina sigue anclada en los años 70. Qué paradoja la que vemos: hoy, más de 1600 civiles e integrantes de las Fuerzas Armadas, de seguridad, policiales y penitenciarias son sometidos, por un gobierno que se dice “peronista”, a parodias de juicios cuyo final de condena se conoce de antemano. Paralelamente, nada se dice y todo se niega respecto de las víctimas del terrorismo. Simultáneamente, quienes integraron o apoyaron a organizaciones terroristas para imponer un régimen totalitario al mejor estilo castrista son homenajeados y se les pagan suculentas indemnizaciones y pensiones que en mucho superan a la jubilación de los ancianos que trabajaron y aportaron toda su vida. Y todo esto ocurre con la complicidad de los distintos partidos políticos y del Poder Judicial, que no son capaces de oponerse a tamañas barbaridades.

Basta ver la reciente votación, prácticamente unánime, en el Congreso, de la ley que otorga pensiones de por vida a los llamados “presos políticos” de los 70, para poner en evidencia la citada complicidad. Si el Poder Legislativo, el Poder Judicial y los más altos dirigentes de los distintos ámbitos del quehacer nacional no comienzan a trabajar de inmediato por la restitución de las instituciones de la República y la concordia entre los argentinos, se dejará avanzar la germinación de nuevos conflictos motorizados por la ilegalidad, la injusticia, la mentira y la corrupción evidentes.

Pero hay una luz en el camino, y es la que se vio en la Feria del Libro de Buenos Aires en 2012, cuando la Asociación de Abogados por la Justicia y la Concordia presentó un coloquio denominado “Concordia Política” (editorial de LA NACION del 13 de mayo de 2012), en el que oficiales del Ejército retirados e integrantes de organizaciones armadas, así como víctimas de esa guerra, que piensan en el bien común y en el futuro de nuestra Nación, antes que en el interés personal, y conocedores de la verdad sobre aquella guerra, por haberla vivido muy de cerca, dieron y siguen dando a la sociedad sus sinceros e impactantes testimonios y opiniones.

Los integrantes del Congreso de la Nación, como representantes de la ciudadanía, deberían escucharlos. Dios guarde a la Argentina, nuestra querida patria.

El autor participó de la defensa del cuartel de la Guarnición Azul con el grado de subteniente, cuando tenía 21 años.

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