DRAMA ARGENTINO… LA SEGURIDAD…

De Argentina hoy recibimos esta carta de la abuela de una ladrona… La publicamos desde Chicago … la ciudad que metio preso a Al Capone y al gobernador que vendio el sillon de senador del Presidente Obama… A Al capone lo metieron preso por no pagar impuestos NO por mafioso, ladron y asesino… Al gobernador debieron juzgarlo dos veces pero finlmente esta entre rejas (17 anos de carcel efectiva…)  Cuando La Patria esta en peligro… todo esta permitido MENOS NO HACER NADA … quien dijo eso?? No fue el General San Martin??  Viviana tiene razon…  es para pensarlo …

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Clarin , en su Carta De Lectores de hoy, Domingo 28 de Septiembre, publico una carta de mi hija Viviana que ocupo media pagina y que luego Mirtha Legrand leyo en su almuerzo de hoy-

La Carta muestra el drama que vivimos los argentinos. Si te interesa leerla , aqui va.

CARTA ABIERTA A MARIA JOSE COSUELO

María José Cosuelo, tu marido roba y no es la primera vez. Vos lo sabés, seguro. No podés dormir con él y no saber de qué viven.

Vos me pedís que no lo juzgue. Por qué no? Porque esta vez lo filmaron?

Porque es la cara visible de la delincuencia callejera que nos ataca y nos lastima día a día?

Por qué tu marido tiene más derecho que yo a ser respetado? Fue él quien cruzó una moto. A mi me cruzaron el auto, me rompieron los vidrios, me apuntaron, me pusieron un caño en la cabeza, lastimaron a mi marido, me robaron mi plata, mi reloj, mi alianza, la plata que tenía guardada para ir a ver a mi hijo, o para comprar un mueble, me asaltaron en el consultorio de una médica con mi hija enferma, tiraron a mi papá de un auto, lo lastimaron, le entraron a la casa a sacarle lo poco que tiene, le robaron la bicicleta a mi hijo mayor, el celular a mi sobrino, a otro lo dejaron en pelotas en la calle, a mi hermana le pegaron en el ascensor para entrar a su casa, a mi suegro le vaciaron el departamento y, si querés, sigo por una hora màs.

Todo esto en una sola familia. Sin contarte lo que le paso a mis amigos o a mis primos y mis tíos. O a mis vecinos. Qué mierda me estás pidiendo, nena? Que comprenda qué? Que porque nosotros laburamos tenemos la obligación de dejarnos robar?

Yo te contaría de mis abuelos sin un mango, que juntaban los clavos que encontraban por la calle para construir su casa. De mi viejo, que pedaleó con un reparto para terminar el secundario y finalmente a los 40 se recibió de arquitecto. O de mi, que me rompí el alma laburando y estudiando para mantener a mis hijos. Y a vos qué te importa, no? Si es mas fácil que el negro salga a cruzar gente con la moto y le robe la mochila.

Sabes qué? No quiero dejarte en paz. No quiero. Quiero que sepas que hay un futuro mejor para tu hijo si te calentás por dárselo. Que puede estudiar, que puede trabajar y que puede hacer algo bueno de su vida sin necesidad de dañarle la vida al otro que vive cerca.

Por qué voy a dejarte en paz? Si sos vos, tu marido, y muchos otros como vos, son los que violaron mi casa, la de mis viejos y mis suegros, la de mi hermana? Como vos, los que rompieron los vidrios de mi auto, los de mi marido, los de mis amigos? Como vos, los que me pusieron una 38 en la cabeza, los que culatearon a mi marido en la frente, los que me sacaron lo que tenía ahorrado para ir a ver a mi hijo, los que me robaron el anillo de mi abuela o la campera que le había regalado a mi marido? Por qué? Tengo que pedirte perdón por tener eso? Me rompí el alma, me gaste los jeans en la calle, en la escuela y en la vida para lograr esas cosas. No me cayeron de arriba. No son fruto de ningún plan ni subsidio.

Yo no soy quién para perdonar. De eso, sólo Dios. Pero vos tampoco tenés derecho a pedir que lo perdonen. Somos responsables de nuestros actos.

Y te juro que aunque quiero, me cuesta comprenderlos. Sobre todo porque no es la primera vez.
Tenemos que poner un límite. Un límite sano. Por favor decile que no robe más.

Yo no sé si podría perdonarlo de vuelta. A tu marido o a otros como él. O a esos que el viernes a la noche me mandaron a mi marido, de vuelta a casa, la cara chorreando sangre del golpe con la culata, huérfano de auto, de alianza, de documentos, de celular, del reloj que le había regalado el padre, gritándome desde la vereda “Baja, Vivana, me asaltaron!”.

Perdoné, traté de entender y comprender, disculpé a muchos ya.    Estoy en mi limite. Casi no puedo salir de mi casa por el miedo que tengo. Casi no dejo salir a nadie por el miedo que me da la calle. Casi no me alcanzan los medicamentos que tengo que tomar para no tener tanto miedo.

Está arrepentido? Me alegro. Nadie lo va a matar. Lo único que queremos es que él y que todos los otros como él, y como vos y sus mujeres que son las que usan las carteras que nos arrebatan, dejen de robarnos, de golpearnos, de lastimarnos.

Sabés por qué, piba? Tenemos miedo, mucho miedo. Y una persona -o muchas- con miedo puede hacer una macana. Y no queremos. Te juro que no queremos.
Viviana Ham

Elias Ham

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